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Estudios Antropológicos de Zuheros:
Comentarios sobre costumbres en desuso.
Juan Fernández Cruz (Cronista Oficial
de Zuheros)
El
texto aquí publicado fue presentado como discurso de
apertura del año académico 1993-1994 de la Real
Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles
Artes.
Publicado en el nº 125 del B.R.A.C. Julio, 1993.
I
Las costumbres a fuerza de uso adquieren categoría de leyes y
se dice y se decía que, como éstas, hay que respetarlas; más,
ciertamente, algunas normas y modos establecidos en otros tiempos,
pueden y deben ser rechazados. No necesariamente todos los hábitos
y tradiciones antiguos resultaron útiles y prácticos. Más no por
ello debemos relegarlos al olvido. Hay que saber cuáles fueron
las consecuencias sufridas por su incumplimiento, así como todo
lo relacionado con su práctica y uso, porque ello resultaba imprescindible
para convivir en colectividad armoniosa y además proporcionaba
motivo para comentarios en tertulias y corrillos, degenerando
a veces los momentos de ocio, por carecer de los actuales medios
de comunicación audiovisual, para bien o para mal, disponiendo
acaso de un periódico, no diario, leído siempre por el más listillo
de la tertulia.
Por lo tanto los modos, usos y costumbre no es conveniente, aun
siendo inútiles, absurdos y desenfados, borrarlos totalmente de
nuestro recuerdo, y por eso, porque tuvieron su valor, porque
forman parte de nuestra historia y porque así pensamos y obramos
durante muchos años, marcando la idiosincrasia de una época, hoy
los traigo a vuestra consideración.
Para
realizar este trabajo no hemos consultado ni libros, ni legajos,
No tendrá, si se publica, llamadas bibliográficas a pie de página
en el texto, y si las hubiere, pueden ser para aclaración de algún
extremo, que en esta disertación pudiera resultar excesivo, alargando
el tiempo del acto que celebramos. Por tanto las fuentes informativas
nos llegaron de viva voz. De gentes mayores que a veces añoran
y recuerdan las costumbres a las que siempre se ajustaron cumpliendo
con rigurosidad, gentes que hemos consultado con verdadero interés,
cariño, atención y desde luego con gran admiración, porque con
sus relatos hemos vuelto a vivir con ellos algún chasquillo, sobradamente
interesante, como para narrarlo con detenimiento, sin miedo a
caer en ñoñería de relato insustancial.
Con
bastante certeza todos y cada uno de los casos que se citen y
analicen en este trabajo, pueden y deben ser ampliados por técnico
antropológico con más capacidad científica de la que, ni por sospecha,
pueda tener este atrevido que les habla de materia tan actual,
que no estudia el tema con el rigor científico que se merece el
asunto, ni se las da de antropólogo, sino que por su edad y por
haber convivido en el pueblo con sus costumbres y maneras, se
siente con cierto personalismo en el tema, pudiéndose perdonar
cualquier dislate o mal entendido que, por inexperiencia, pudiera
surgir.
Los
casos que vamos a tratar hemos de procurar traerlos con suma rigurosidad,
porque todos son historia desgraciadamente no escrita, expuesta
a confusiones en el futuro, ya que está entrando cada vez más
en la zona amnésica de la memoria colectiva.
De
todas formas, si hemos partido de una determinada unidad geográfica
y humana, la villa de Zuheros, sólo con mil habitantes nuestra
apreciación resulta absolutamente válida, extensible, transportable
e idéntica con ligeros matices a otra ubicación sea cual fuere
su población, siempre que se encuentre dentro de la misma región
geográfica y, si queda alejada, con ligeros cambios se ajustará
a lo tradicional.
En
algún momento hablaremos en tiempo presente tal como si hoy nos
rigiésemos de aquella manera; usaremos a veces formas de dicción
de antaño; intercalaremos refranes y sentencias que aún decimos
y dijeron nuestros antepasados y trataremos por todos los medios
nuestro alcance, saber y hacer, de que vivan y gocen conmigo de
estas historias que les traigo y a ser posible no forzamos para
no aburrirles.
En
mi pueblo adoptivo, en Zuheros, no era fácil "echarse" novia.
De un lado la timidez y reparos del mozuelo y de otro la obligada
brusquedad absurda y fingida de la mocita, aun cuando fuese solicitada
o pretendida por el príncipe ideal de sus sueños; por aquel a
quien siempre esperó con impaciencia; al que de reojo observaba
con la ansiedad propia de la edad, cuando la joven se convierte
en casadera. Igual asco solapado muestra la niña casadera contra
el mismo que sus padres, muy disimuladamente, le predestinan para
esposo, resultando además grata la futura unión para la hipotética
parte contraria, que opuesta a la actitud reservada de los padres
de la novia, aceptan el futuro trato prematrimonial con adulaciones
y halagos hacia la ideal prometida de su hijo. No, el empeño no
era fácil.
Cuando
al fin se decide, lanzado el mozo por su valentía y arrojo o espoleado
y comprometido por amigos o alcahueta, que las había para estos
menesteres en todos los lugares, resuelto, "liándose la manta
a la cabeza", tampoco está bien visto llegar cara a cara a su
futura amada. No puede ni debe hacerlo así. Le escribirá una primera
carta solicitando relaciones, tratándola de usted con frases muy
cursilonas, tomadas de un libro de cartas amorosas que corre de
mano en mano. Esa primera carta, alguien con tapujos y a escondidas,
la hará llegar a su destino, carta que sin abrir regresará, por
igual procedimiento, rechazada al impaciente enamorado. Idéntico
proceso ha de sufrir una segunda y quizás también una tercera
carta, pero a la siguiente o a la otra, todo depende…, en contra
de su voluntad fingida se queda con ella la destinataria, aunque
no sea leída a su recibo, siendo esta actitud razón de buen presagio.
Con ello el primer escollo está vencido pudiendo haber transcurrido
sin muchas prisas varios meses en su logro y en cualquier época
del año puede iniciarse el proceso.
Esa
carta aceptada, al fin abierta, no se contesta. Son necesarias
otra u otras más, para que se corra la voz de que Pepito ha escrito
pidiendo relaciones a Rosita la del Pilar. Son nombres que manejaremos
en adelante como protagonistas de esta historia y como se dice
normalmente, nada tienen que ver con la realidad.
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