|
Pregón
de Feria de Tico Medina
Zuheros
12 de Agosto de 2000
Autoridades,
mi querido alcalde Jesús Poyato, paisanos zuhereños, viajeros
y visitantes, querido Don Juan aquí presente. Buscando un día
encontré este pueblo hermoso, este lugar único, que me hizo caer
del caballo de la sorpresa, yo que soy, precisamente eso: un buscador
de sensaciones y de geografía del asombro.
Mis
queridos amigos, mi querido compañero Manuel.
Para empezar en esta noche irrepetible en esta plaza única en
el mundo, desde la que levanto mi pregón de fiestas, deseando
que vuestra patrona, nuestra patrona, la Virgen Nuestra Señora
de los Remedios me remedie en esta prueba, no por sencilla más
fácil, os quiero, os debo decir, que yo soy de una geografía,
inmediata, cercana, de aquí mismo.
Yo soy de un pueblo que se llama Piñar en la ruta de los montes
orientales de Granada. Un pueblo blanco, entre olivos, a la sombra
de un alto castillo lleno de sueños y de historias. Un pueblo
hermano de este.
Que hermosa, cada día me gusta más la palabra "pueblo", zuhereños
de mi alma, de mi corazón y de mi cercanía. Es por eso, que os
debo decir, hoy día doce de agosto, día este de San Eusebio, San
Policarpo Santo, Digna y Santa Felicísima, y sobre todo día de
fiesta en mi corazón que es vuestro, que no es de donde nace,
pero también de donde quiere nacer, de donde se hace.
Uno
no elige donde viene al mundo pero sí, generalmente, el sitio
donde quiere estar, o donde quiere vivir, o sobrevivir o convivir,
que es la palabra más hermosa, y deseada. Y yo aquí estoy, ya
uno más hasta llegar a esa cifra de los mil vecinos, con la que
sueña el alcalde, pero ni uno más, zuhereños que una de las razones
por las que sois tan deseados, es esa, vuestra unión, vuestra
calidad en este mundo de la cantidad, vuestra personalidad de
cal y piedra, vuestro paisaje y vuestro paisanaje, vuestro presente,
adelante, por encima de cualquier problema y preocupación que
todo el mundo lo tiene, y sobre todo vuestro futuro.
Único
lugar de privilegio que ha merecido la niebla de las revistas
más multiplicadas del mundo, y la gloria bendita de ser mucho
más que un pueblo blanco en lo alto de una piedra en la ruta del
Califato, un lugar de serenidad lleno de gente joven, de futuro,
en la geografía de lo que ya no queda. Pueblo con un museo y otro
que se remata, pueblo de vitrinas mágicas, de cueva única, pueblo
que ya centellea con los nombres cultos de Valera que os envidio,
el académico Arjona, que tanto sabe de vosotros y os cuenta y
os estudia con el rigor y el rigor necesarios, pueblo de Juan
Fernández Cruz, ese boticario del talento y el cariño, por todas
las cosas vuestras, yo ya digo nuestras, o el centelleante poema
constante de creador en el hierro y en el lienzo, del genio Poyato,
mi poeta y mi vecino.
Pueblo
de gentes repartidas por el mundo, que no han olvidado sus orígenes,
su sangre de olivo y de tierra, sus fuentes, sus huertas, Zuheros
mágico y deseado, mucho más o además que un pueblo como un nacimiento,
que es la definición habitual. Pueblo como un nacimiento, si,
pero también de la devoción, la emoción, pueblo de la verdad,
pueblo de la cal firmada, pueblo de los sabores y los colores,
pueblo limpio de corazón entero, pueblo del queso, os diré que
uno de los mejores quesos del mundo, pueblo en el lugar de honor
de los que ya no quedan no sólo por su prehistoria fascinante,
y tan cercana, que no hay más que mover las piedras de las huertas
y los patios para que aparezcan tres, cuatro civilizaciones, pueblo
de los murciélagos de la noche, los zorzales del amanecer, pueblo
de las águilas, y las cabras, pueblo de los internautas y los
últimos pastores, pueblo del jazmín y los olivos, pueblo, pueblo
pueblo…
Zuheros que yo hoy pregono, calles, plazas, esquinas, torre, azoteas,
pueblo del cielo y del suelo, pueblo alto, pueblo que crece, en
el rumor de sus cocinas, de sus ordenadores, pueblo en internet,
pueblo que desde el satélite que gira sobre nuestras cabezas,
es una pincelada blanca sobre la verde mancha del aceite de los
valles antiguos en los que habitaron los primeros pobladores,
los del hacha del monte de la liendre y los romanos que escribían
versos y cantaban al amor y a la paz de los hermanos.
Zuheros
de la paz, yo te pregono esta noche en el mismo día que hace tanto
años Isaac Martín, inventa y patenta la máquina de coser, en el
mismo día en que hace muchos, nace Benavente premio Nóbel, entre
otras fechas inolvidables, recogidas hoy mismo del libro de las
efemérides. Yo te pregono, sobre el paisaje húmedo y lloroso,
de las sombrillas de Pamplona, sobre el duro grito de la sangre
y del dolor. Yo pregono la paz y la solidaridad y el encuentro,
en esa plaza preciosa y precisa, tan breve y tan brava que se
convierte ahora mismo en el ombligo de la hermandad de este pueblo
al que gusta seguir llamando España.
Zuhereños
de la diáspora, que habéis vuelto para esta fiesta del dos mil,
zuhereños que estáis lejos, zuhereños humildes y constantes, gente
joven que canta, niños que corren por las calles. Zuheros de la
palmera alta junto a la casa del cura de la historia donde en
su día estará instalado el museo que os merecéis. Museo, el otro,
tan cercano, de aquí mismo en el que Roma y la lejanísima historia
de los hombres ha dejado el asombro de su huella.
Golondrinas
y gorriones de la tarde, agua que mana oculta en los lebrillos
y las fuentes de la montaña que nos da sombra y cobijo.
Ayer
en la Universidad del Escorial, el escritor "Bryce Echenique",
decía en voz alta": reconstruiré en palabra el Perú que amaba",
hoy os digo aquí, y lo escribo con la propia sangre de mi emoción,
de mi sentimiento, para que las palabras no se las lleve el viento
del olvido, que yo también levantaré el nombre de Zuheros, que
amo, cada día, como vengo haciendo desde que os conocí, desde
que me asome a este paisaje, pero sobre todo desde que me asome,
y debéis saberlo al paisaje humano, lleno de valles, luces y sombras
de vuestra humanidad cotidiana, vuestra pelea constante, tan pura
tan dura, zuhereños del silencio y del aguante, zuhereños del
pan, a veces con soledad zuhereños de ahora, que han encendido
la luz nueva ya de sus ordenadores.
Me
gusta que seáis, que seamos un pueblo de portal de Belén, pero
también un pueblo de internet, por que habéis trabajado en la
orfebrería del surco y de la ortiga, de la vid y de la helada
y habéis seguido conservando por encima de la cueva y la bodega,
un pueblo honesto, una familia profunda, un apellido lleno de
historia, en el tiempo de la histeria.
Anoche
hubo, día de San Lorenzo, lluvia de estrellas sobre España. Muchas
de ellas, se han quedado enredadas en vuestros árboles íntimos,
personales, en la cresta de vuestros sueños y vuestras nostalgias.
Cuando
se avisa al mundo que ya esta en marcha la próxima cita de los
pueblos de oriente en España, la segunda, que la primera fue hace
diez años, yo que estoy mezclado de tantas sangres, como vosotros,
pregono que desde hace mucho tiempo en esta plaza de la cultura
de la sangre y del pasado, los zuhereños han levantado su imperio
de blanco y verde, sobre una historia común y trabajada de cristianos,
de moros, de judíos…yo pregono el genoma Zuheros, en el tiempo
del genoma mundo.
Recuerdo
a Miguel Hernández de queso y luna, y desde la barandilla del
mirón proclamo a los cuatro vientos de vuestras ferias y vuestras
fiestas y los nombres queridos de la torrecilla, la calle del
horno o la de hornillos donde además de pan se hacia levadura
de amistad y del ejemplo, tejados viejos, blancas terrazas, chimeneas
como esculturas, higueras antiguas que vienen de la noche de los
siglos, cementerio que yo veo desde mis ventanas y que me produce
no escalofrío, sino serenidad. Alta cruz que indica y demuestra
y grita de la fe de un pueblo como el nuestro, ventanas de leyenda,
Zuheros de mi alma, no es la primera vez que os pregono.
Os
pregono desde siempre, y esa es la virtud y el compromiso del
pregonero que os va a decir quien sois, gente sabia y campesina,
que empieza a ser pregonero justo el día siguiente que levanta
su pregón de luz y de palabra. Yo ya os pregone, dije donde estáis
en el mapa, conté de vuestros sentidos, di a conocer vuestra música
popular en la Navidad a través de la radio de toda España como
mañana mismo, pueblo de la paz y la luz, de nuevo en las trescientas
emisoras de onda cero en toda España cuando pregonemos de nuevo,
para que todo el mundo lo sepa más allá de este pañuelo de afecto,
de esta plaza acogedora y abierta al mundo, donde estáis, y que
es lo estamos celebrando.
Villa
y señorío de Zuheros, las dos cosas os corresponde y os abrazan.
Y os lo digo desde mis años y mis experiencias. Villa por merecimiento
histórico, y señorial a parte de por los blasones y los apellidos
nobles y los escudos merecidos, por la forma de ser y estar de
los zuhereños, que no hay mayores y menores señores que los del
trabajo y la eficacia. Antigua Zuhayra, mi corazón es como dice
vuestro nombre esta noche una peña y una piña, una almazara y
una ermita de la Aurora, por que Zuheros tu tienes más que setecientos
sesenta años de vida según lo escrito, castillo de Allende, casa
de Aguilar, viejas ruinas romanas del diecinueve, me siento cerca
del Renacimiento, de la grecoromania, aquí mismo sobre la antigua
mezquita como mi corazón mismo, granadino y cordobés al mismo
tiempo, las dos puntas de la ruta del Califato, cinco siglos me
avalan. Nos reúnen, la cocina del mesón, el lecho del Hospital,
calles de la tercia, del santo, de la llana, del mirador, de la
barrera, del cerrillo…, sobre mi mesa de trabajo guardo como reliquia
la honda que me regalo el artesano que un día asombro con sus
manos de campo y de arte a un pintor inglés, altos miradores,
días de las cruces de Mayo, San Isidro labrador, un día antes
de que me fallen las piernas, mas de lo que se me quiebran subiré
hasta la nava de Cabra, beberé agua en la Fuenfría. Entre mis
papeles brilla una piedra redonda del río bailón, que impide a
pesar de su nombre que bailen mis apuntes bajo el ventilador del
caribe, donde también hable de Zuheros tantas veces.
Semana
Santa de Zuheros, de la que también pregoné en todo el mundo y
escribí y multiplique, inmediato calendario de la alegría de Nuestro
Padre Jesús Nazareno…sabor a sobrehusa, a ajete, olor de la clavellina,
roscos melados como joyas para el largo dedo de la tarde, alegría
del pan de cortijo, sabor único del queso de cabra de Zuheros,
que no tiene rival y que ya se acerca a la leyenda, migas de mi
corazón.
Yo
te pregono en el inmenso carnaval de la vida que vivimos, en la
mentira constante de la supervivencia nuestro carnaval de febrero
debe sobrevivir y exijo y pido sitio de honor para la música popular
del melenchón, que nace en la raíz del pueblo y sube hasta las
estrellas, creciendo en el tiesto bravo de los tiempos de los
abuelos.
En
este día atribulado del planeta tierra en el que aguantamos en
esta noche fresca y clara, levanto una a una como debe hacer un
pregonero, sobre la pared de cal viva de agosto, encalando con
el azul también último de la verdad, vuestro nombre en una sola
letra pero palabra a palabra, como el maestro Capote ha ido con
su gente, poniendo en pie mi ilusión inmediata y definitiva ...te
quiero pueblo de Zuheros.
|
|